Acción participativa realizada entre el 11 y el 25 de junio 2025 en la misma sala en la que ahora se expuso en el El Museo La Neomudéjar:
La artista Jana Leo vuelve a documentar emociones, a explorar los efectos que la violencia o los hechos que ocurren en la vida producen en el ánimo y te invita a ser parte de su instalación:
“Memoria Congelada”, una experiencia artística única donde tu retrato se convierte en una manifestación de tu estado de ánimo por un trauma experimentado. Durante tu participación en una sesión guiada para explorar tu estado anímico, escribirás un registro de tu trauma, Jana Leo te hará un retrato que más tarde, en la misma sala donde te fotografía, introduce en una bandeja de hielo en un congelador también instalado en la sala. En los días siguientes va fotografiando el retrato captando el proceso de congelación y de desaparición de la imagen. La acción se abre al público como exposición el 16 de julio de 2025.
La participación cesa cuando se llega al número 20. La duración de cada una es de entre 10 y 30 minutos. El espacio para registrar un trauma es un impreso, con tu nombre, la fecha y la esencia de lo ocurrido, así como el momento en el que te diste cuenta de la importancia de lo ocurrido. Así se crea un momento de introspección que se refleja en el estado de ánimo y en la imagen que uno proyecta. Después la persona participante, se sienta en una silla perpendicular a un fondo gris y se le invita a regresar al momento que acaba de describir, pero esta vez desde un lugar de control, pues está fuera del escenario en el que aquello sucede. La intención es dejar ir el momento del dolor (que tan necesario fue para la supervivencia y para recordar que aquello ocurrió y que por eso uno se encuentra como es, y tiene el carácter que tiene) y favorecer ser capaz de abandonarlo y no agarrarse al dolor. Luego la artista toma tu retrato. Más tarde el retrato se congela en un congelador que hay en la sala y la artista va tomando fotografías del mismo durante su proceso de congelación.
La presentación al público, contiene cuatro elementos: la fotografía tomada en 10 x 15; el “impreso de registro de un trauma” (que se rellenó a mano sobre una superficie blanca para marcar en el papel) puesto por la parte de atrás, de tal manera que no se puede leer, pero se ve el relieve de la escritura; y dos fotos del proceso de congelación. Lo que se ha registrado abarca desde una historia de un padre maltratador, la perdida de una hija al poco de nacer, los abusos sexuales de una cuidadora en la tierna infancia, sucesos de violencia por exparejas, el abandono de un compañero al saber que uno está embarazada, el miedo a las alturas, la repentina pérdida de la madre en la niñez, el descubrimiento de que tu padre tiene una familia diferente a la tuya, un acto de bulling, los encuentros desafortunados con el sistema de salud, y el propio trauma de estar vivo, de nacer. Con este proyecto se ha creado un espacio, minúsculo e insuficiente, pero imprescindible para empezar a reposar la parte de la memoria que hace daño y obstruye el presente.
Jana Leo no es terapeuta ni psicóloga, sino artista y filósofa, que por su propia experiencia con el trauma ha ahondado en su funcionamiento e ideología que sigue compartiendo y explorando con esta pieza de arte. La idea es reevaluar lo que el trauma significa a través de este sencillo ejercicio que busca “congelarlo”, transformándolo de una experiencia íntima a algo que se puede observar con cierta distancia, en un objeto externo, en una fotografía, algo que tome vida propia. La intención no es olvidar, sino convertir la herida en algo independiente. La acción no tiene ninguna intención curativa sino reflexiva sobre sus efectos en la vida en tiempo presente. A nivel político, esta acción también busca compartir el trauma, pues una parte del mismo es la represión de silencio que se impone sobre la persona dañada. Y por último, se trata de ver patrones traumatizantes que pueden apuntar a que no es algo privado sino el resultado de una cultura y una forma de vida, que por lógica ha de considerarse entonces como una experiencia colectiva. Se puede leer más sobre este tema en el libro: “Arte, memoria y trauma” de Marián López Fernández Cao, Madrid 2020, editorial Fundamentos.
Desde el punto de vista del lenguaje fotográfico, esta acción participativa busca reivindicar el retrato como un repositorio, un documento de las emociones y no un simple archivo de reconocimiento (como lo es en los usos de la fotografía como identidad), ni un acto de afirmación (como lo es en las fotografías del álbum familiar o de social media). Ciertas reflexiones de interés para esta pieza se encuentran en el tratado sobre la fotografía de Jana Leo publicado por CENDEAC en 2004 y reeditado en 2014 El Viaje Sin Distancia.