Producción de la exposición de Fotografía de Jana Leo: EL CUERPO PRESENTE

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El Cuerpo Presente
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El Congelador de la Memoria
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Producción de la exposición de Fotografía de Jana Leo: EL CUERPO PRESENTE

Producción de la exposición de Jana Leo: El Cuerpo Presente y El Congelador de la Memoria para su presentación en el Museo LaNeomudejar de Madrid en el verano del 2025.

El Cuerpo Presente empieza tratando la conexión sin presencia (Auto-aislamiento) derivada de la nueva forma de vida por el uso de las tecnologías (separación de “en tiempo presente” de “en el mismo lugar”) y en general por vivir bajo la inercia incontrolable del estar haciendo algo sin estar del todo ahí. El proyecto sigue con obras que reflexionan sobre el cuerpo en relación con el poder, la violencia y termina con otras que tratan el deterioro del cuerpo, la muerte o el trauma. Esta clasificación no es lineal y las categorías se superponen en las obras.

La muestra incluye una participación hecha en directo a lo largo de tres meses con la comunidad de artistas de la Neomudejar bajo el título: El Congelador de la memoria. La artista Jana Leo vuelve a documentar emociones, a explorar los efectos que la violencia o los hechos que ocurren en la vida producen en el ánimo. Así, un colectivo de artistas, en su mayoría mujeres con gran participación LGTB tuvo la oportunidad de investigar a través del arte, los efectos que los traumas o las micro-violencias dejan en el rostro y como congelar sus efectos.

Primera línea. El 2025 es un momento bisagra de tránsito tecnológico que tendrá un gran impacto social. Además de la “era virtual” (separación entre lugar y tiempo), comienza la ”era ficcional” (aspecto real sin referente real). Mientras que lo virtual sigue teniendo un referente físico, ya sea su imagen, unas palabras o la voz, lo ficcional no tiene referente de la realidad. Es pura invención. La fotografía es una disciplina que tiene su origen en el referente, una realidad, aunque sea creada. Mi obra Autoaislamiento que es el origen de esa exposición representa la burbuja de autoaislamiento en la nueva forma de vida en la que el cuerpo no está del todo presente. En este proyecto hay imágenes que tienen un tinte existencial, la mayoría de las cuales transcurren en el espacio doméstico, en las que el cuerpo se desvanece o no tiene una presencia firme, como es esa vida que se escapa entre los dedos cada día dejando constancia de ese estado de separación entre lugar y presencia, o de la inercia de una vida desprovista de parte de su realidad.

Segunda línea. Los cambios ocurridos en los últimos treinta años en el uso extensivo y popular del teléfono con cámara y de redes sociales ha tenido un impacto dramático en el entendimiento del cuerpo y por extensión del Body-art. El cuerpo está mucho más presente en la comunicación cotidiana y mucho menos representado en el arte. En el siglo XX, se partía de la comparación entre el Body-art y la representación del cuerpo en los medios de comunicación; los artistas utilizan sus propios cuerpos para realizar una acción, a menudo con significado político en contraste con la publicidad que muestra los cuerpos de modelos para conformar una tipología y vender un producto. En el siglo XXI, los retratos pasan a ser perfiles: el retrato que debe contener esencia de la persona y referirse al interior, se convierte en un contorno, la versión de marketing de la persona, su yo exteriorizado. ¿Qué interés tiene ver sólo el exterior de las personas? ¿Cómo van a tener significado estas imágenes una vez que el momento concreto haya desaparecido? Entre las obras que de este proyecto hablan de la conversión de la persona en perfil están: Prime, La Buena vida y Conciencia de clase.

Tercera línea. Ese tránsito hacia lo virtual y hacia el perfil se manifiesta en las políticas populares basadas en la identidad y no en la ideología. El perfil es también la parte simplificada de una persona. Aquí hay una observación del poder, tanto sea el mecanismo de la institución y el proceso como el poder de estado. El cuerpo es el último residuo de la capacidad de actuar, el primer elemento que se ve alterado cuando ese poder se ha perdido. El cuerpo presente trata la falta de capacidad de control en la que la acción sobre el propio cuerpo es el única posible por estar situado en circunstancias ajenas al control, sean estas metafóricas (como ocurre en regímenes democráticos) o literales (en regímenes autocráticos). El antecedente cercano de estas obras es “154 Bofetadas (2020)” realizada en el contexto de pensar la burocracia como forma de frustración, dentro del trabajo realizado durante la estancia en la Academia de Roma con el Proyecto: Retratos de la Post-ideología, la relación de confianza entre el individuo y el estado. En el 2025 esta línea, ha cobrado significancia en esta exposición, por haber pasado a vivir en una sociedad en la que estar “sin capacidad de acción” no es algo residual como ocurre con la burocracia, sino algo determinante pues la vida, la libertad y la propiedad pueden pasar a estar en poder del estado y fuera de mi control.

Cuarta línea. Tras muchos años de trabajo en la violencia sexual y de género, la consecuencia natural es una serie de obras que hablan de esa violencia interpersonal. Algunas de estas obras están inspiradas en diarios de violación que releí cuando la historiadora Marta Fernández-Morales me pidió hacer el prólogo para su libro sobre diarios de violación: The Crack on the Wall. Rape Narratives that Paved the Way for #MeToo (La grieta en el muro. Narrativas de violaciones que allanaron el camino al #MeToo.) Estos diarios sirven de inspiración para las obras.

Quinta línea. Por último y para contrastar esta tendencia de separación entre “en espacio” y “en tiempo” presente ofrezco una acción (El Congelador de la memoria) que estimula el estar ahí con todos los sentidos y trata el trauma como un estado emocional que conlleva vulnerabilidad. Con cada participante, realizo un ejercicio de meditación que arraigo a un objeto (a una fotografía). Es una forma de recordar la necesidad de la reflexión como práctica artística, en la que el estudio/sala de exposiciones es un laboratorio en tiempo presente pues el proceso es la obra.

Jana Leo,

3 julio 2025

Acción participativa realizada entre el 11 y el 25 de junio 2025 en la misma sala en la que ahora se expuso en el El Museo La Neomudéjar:

La artista Jana Leo vuelve a documentar emociones, a explorar los efectos que la violencia o los hechos que ocurren en la vida producen en el ánimo y te invita a ser parte de su instalación:

“Memoria Congelada”, una experiencia artística única donde tu retrato se convierte en una manifestación de tu estado de ánimo por un trauma experimentado. Durante tu participación en una sesión guiada para explorar tu estado anímico, escribirás un registro de tu trauma, Jana Leo te hará un retrato que más tarde, en la misma sala donde te fotografía, introduce en una bandeja de hielo en un congelador también instalado en la sala. En los días siguientes va fotografiando el retrato captando el proceso de congelación y de desaparición de la imagen. La acción se abre al público como exposición el 16 de julio de 2025.

La participación cesa cuando se llega al número 20. La duración de cada una es de entre 10 y 30 minutos. El espacio para registrar un trauma es un impreso, con tu nombre, la fecha y la esencia de lo ocurrido, así como el momento en el que te diste cuenta de la importancia de lo ocurrido. Así se crea un momento de introspección que se refleja en el estado de ánimo y en la imagen que uno proyecta. Después la persona participante, se sienta en una silla perpendicular a un fondo gris y se le invita a regresar al momento que acaba de describir, pero esta vez desde un lugar de control, pues está fuera del escenario en el que aquello sucede. La intención es dejar ir el momento del dolor (que tan necesario fue para la supervivencia y para recordar que aquello ocurrió y que por eso uno se encuentra como es, y tiene el carácter que tiene) y favorecer ser capaz de abandonarlo y no agarrarse al dolor. Luego la artista toma tu retrato. Más tarde el retrato se congela en un congelador que hay en la sala y la artista va tomando fotografías del mismo durante su proceso de congelación.

La presentación al público, contiene cuatro elementos: la fotografía tomada en 10 x 15; el “impreso de registro de un trauma” (que se rellenó a mano sobre una superficie blanca para marcar en el papel) puesto por la parte de atrás, de tal manera que no se puede leer, pero se ve el relieve de la escritura; y dos fotos del proceso de congelación. Lo que se ha registrado abarca desde una historia de un padre maltratador, la perdida de una hija al poco de nacer, los abusos sexuales de una cuidadora en la tierna infancia, sucesos de violencia por exparejas, el abandono de un compañero al saber que uno está embarazada, el miedo a las alturas, la repentina pérdida de la madre en la niñez, el descubrimiento de que tu padre tiene una familia diferente a la tuya, un acto de bulling, los encuentros desafortunados con el sistema de salud, y el propio trauma de estar vivo, de nacer. Con este proyecto se ha creado un espacio, minúsculo e insuficiente, pero imprescindible para empezar a reposar la parte de la memoria que hace daño y obstruye el presente.

Jana Leo no es terapeuta ni psicóloga, sino artista y filósofa, que por su propia experiencia con el trauma ha ahondado en su funcionamiento e ideología que sigue compartiendo y explorando con esta pieza de arte. La idea es reevaluar lo que el trauma significa a través de este sencillo ejercicio que busca “congelarlo”, transformándolo de una experiencia íntima a algo que se puede observar con cierta distancia, en un objeto externo, en una fotografía, algo que tome vida propia. La intención no es olvidar, sino convertir la herida en algo independiente. La acción no tiene ninguna intención curativa sino reflexiva sobre sus efectos en la vida en tiempo presente. A nivel político, esta acción también busca compartir el trauma, pues una parte del mismo es la represión de silencio que se impone sobre la persona dañada. Y por último, se trata de ver patrones traumatizantes que pueden apuntar a que no es algo privado sino el resultado de una cultura y una forma de vida, que por lógica ha de considerarse entonces como una experiencia colectiva. Se puede leer más sobre este tema en el libro: “Arte, memoria y trauma” de Marián López Fernández Cao, Madrid 2020, editorial Fundamentos.

Desde el punto de vista del lenguaje fotográfico, esta acción participativa busca reivindicar el retrato como un repositorio, un documento de las emociones y no un simple archivo de reconocimiento (como lo es en los usos de la fotografía como identidad), ni un acto de afirmación (como lo es en las fotografías del álbum familiar o de social media). Ciertas reflexiones de interés para esta pieza se encuentran en el tratado sobre la fotografía de Jana Leo publicado por CENDEAC en 2004 y reeditado en 2014 El Viaje Sin Distancia.

Producción de la exposición de Fotografía de Jana Leo: EL CUERPO PRESENTE